¿Por qué será tan difícil? Quizá porque, por lo general, la palabra crisis está relacionada con experiencias tristes y traumáticas muy complicadas y negativas, tanto personales como familiares, que pueden afectar una o varias áreas de la vida: espiritual, financiera, laboral, relacional, o de salud. Mientras que la palabra éxito está vinculada con el resultado feliz de un negocio o actuación, o con algún acontecimiento que logra su propósito previsto.
El desafío en el presente escrito es tratar de fusionar estos dos polos para sacar una enseñanza positiva, práctica y realista que nos mantenga enfocados, con esperanza y suficiente fe para seguir confiando en nuestro Dios, el único capaz de convertir una crisis en éxito.
Los que experimentan crisis dirán que son desafortunados; quienes experimentan éxito dirán que la buena suerte o una buena estrella los guía. Por otro lado, algunos podrían decir a secas: «En esta vida o te va bien, o te va mal». Otros, tratando de sonar espirituales como los amigos de Job, dirían que si en la vida todo sale bien [éxito] es obra de Dios, pero que si las cosas andan mal [crisis] es obra del diablo. Estas diferentes maneras de percibir y definir la crisis y el éxito representan opiniones extremistas y exageradas, muy de moda en estos días.
Afortunadamente, cuando buscamos una explicación bíblica acerca de estos términos [crisis y éxito] nos encontramos con una orientación balanceada, saludable y realista sobre este tema. La Biblia no niega ni oculta la crisis pero tampoco aísla ni desconoce la experiencia del éxito.
En cierta ocasión, en una de sus hermosas canciones, el rey David dijo: «Muchas son las aflicciones [crisis] del justo. Pero de todas ellas lo librará [éxito] el SEÑOR» (Salmo 34:19, énfasis añadido). Y también, en una de sus muchas enseñanzas, Jesús dijo: «En el mundo tendrán aflicción [crisis]; pero confíen [éxito], yo he vencido al mundo» (Juan 16:33, énfasis añadido).
Hay algo importante que debemos tener muy claro, y es que nadie pide que venga la crisis. Esta simplemente llega con los cambios que se dan en un mundo caído como consecuencia del pecado. Sin embargo, aun cuando la crisis llegue sin aviso previo, la vida tiene que continuar. Una etapa de la vida se acabó y necesitamos embarcarnos en la siguiente. Nuestra única alternativa es seguir adelante.
Algunas veces, los cambios en la vida se presentan positivos [éxito], como la graduación de la universidad o el comienzo de una nueva carrera, decidir con quién casarse, qué oferta de trabajo aceptar o dónde vivir. En otras ocasiones, sin embargo, los cambios parecen opresivamente negativos [crisis], como adaptarse a la pérdida del empleo, la repentina muerte de un familiar cercano, la posibilidad de perder el empleo, la transición hacia la jubilación, un ajuste hacia la paternidad, un divorcio o un manejo de la reciente viudez. Puede ser que te encuentras atravesando por una precaria situación económica y no sabes qué hacer.
Ya sea que la crisis golpee nuestras familias, carreras, salud, finanzas u otros aspectos de la vida, en realidad estas son también oportunidades para el éxito, las mismas que necesitamos explorar diligentemente. Es necesario entonces, que recurramos a Dios con urgencia para pedirle toda su ayuda y sabiduría, ya que este tiempo de transición no será fácil. Un movimiento en falso, una decisión equivocada, un tropezón, una mala actitud podría tener graves consecuencias a largo plazo. De la misma manera, las buenas decisiones, los movimientos sabios y los pasos valientes en la dirección adecuada contienen la promesa de futuras bendiciones [éxito].
Todos estos escenarios que se han mencionado son exteriores. La pregunta ahora es, ¿qué de las crisis internas escondidas en tu vida? Quizá se trata de renunciar a un hábito perjudicial, o quizá necesitas alejarte de un área de pecado que has llegado a reconocer, y que te está destruyendo desde dentro hacia fuera.
Estos cambios y transiciones en la vida —no importa cómo ni cuándo llegaron— generan algún tipo de crisis y demandan que hagas algo al respecto. Sencillamente no puedes sentarte de brazos cruzados y ver qué pasa. La pregunta no debiera ser: ¿Superaré semejantes tiempos de transición y crisis?
Más bien algunas preguntas que debemos responder son: ¿Cómo vamos a superar esta crisis? ¿Cuáles serán los resultados? ¿Dónde debo buscar ayuda? ¿De qué manera manejaré las decisiones? ¿Caeremos en el desánimo o escaparemos hacia la negación y la autoculpa?
¿Atravesaremos los tiempos de crisis (como Job, Isaías, Jeremías, Habacuc, Jonás, Pedro), de tal manera que conozcamos mejor a Dios? ¿Experimentaremos su presencia poderosa y el consuelo de su Palabra para guiarnos fielmente en la vida?
El rey David experimentó cinco secretos para transformar las crisis en oportunidades para el éxito. Como están en la Palabra de Dios (Salmo 23) con toda seguridad pueden también ayudarnos a nosotros hoy. Son los siguientes:
1. Hagamos de Cristo el Señor de nuestra vida.
2. Tomemos la decisión de seguir al Señor como la oveja sigue al pastor.
3. No permitamos que el miedo domine nuestra vida.
4. No le demos oportunidad al enemigo y resistámoslo con firmeza y valor.
5. Saturémonos diariamente en las Escrituras para que tengamos éxito donde quiera que vayamos.
