Mongolia ha sido, históricamente, uno de los países más cerrados del mundo a los extranjeros debido en parte a su distancia del mar y a sus malos caminos e infraestructura. Limitando con China y Rusia, y sin salida al mar, Mongolia depende en gran parte de esos países para el comercio. Después de una revolución democrática pacífica en 1991, que la liberó del gobierno de la antigua Unión Soviética, Mongolia ha enfrentado retos inmensos, traumáticos, como gran desempleo, agitación social y pobreza, incluyendo 200.000 niños malnutridos.
En el año 1989 posiblemente hubiera sólo cuatro cristianos en todo Mongolia, pero para el año 2000 este número se incrementó a 5.000 cristianos adorando en 60 iglesias y en 100 grupos informales. Oren para que el cristianismo ya no sea visto como algo «extranjero» para la mayoría en Mongolia; para que se detenga la persecución de los creyentes; para que las iglesias rurales y aisladas encuentren apoyo y puedan contar con líderes capacitados, y para que el interés en el evangelio continúe creciendo y no sufra
por malentendidos sobre los misioneros y sus objetivos finales al llegar al país.