El ministerio a los niños está siendo empujado y tironeado por modelos educacionales, análisis estadísticos, técnicas de crecimiento, cambios culturales y avances tecnológicos. Pero con el peso de todas estas influencias, se presta poca atención a lo que debería ser la influencia más importante para moldear el ministerio a los niños: la Palabra de Dios. Todas estas otras influencias pueden ser muy útiles, pero deberían construirse sobre verdades bíblicas, y no a la inversa.
La reacción de Jesús frente al error de sus discípulos.
«Cuando Jesús se dio cuenta, se indignó y les dijo: Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos» (Marcos 10:14).
¿Qué hicieron los discípulos para que Jesús se enojara tanto? Considere este pensamiento: Ellos pensaron que los niños eran una interrupción. Pensaron que bendecir a los niños era menos importante que la conversación que estaban teniendo. Esa actitud fue la base de sus acciones y el motivo del enojo de Jesús. Dicho de otro modo, pensaron que los asuntos adultos eran más importantes que ministrar a los niños.
Una de las actitudes incorrectas frente a los niños es pensar que son una molestia: -Debemos ocuparnos de ellos, ¡especialmente durante el servicio de adoración! ¡Debe existir una iglesia para los niños, porque los niños distraerán la atención de los adultos! Debemos hacer algo con ellos, incluso si es solo mostrarles un video para que estén en silencio. Alguien debe hacerlo, si no se obstaculizará el ministerio para los adultos.
Posiblemente los discípulos mismos tuvieron esta actitud.
Cuando está presente esta postura, hay apatía hacia el ministerio a los niños. Cuando este pensamiento se filtra en la iglesia, se revela a través del alineamiento de los recursos. Lo mejor de reclutar esfuerzos, del presupuesto de la iglesia, del mantenimiento de la familia, etc. se reserva para el ministerio de adultos, y el ministerio de niños recibe las migajas.
Pero los que trabajan con niños también pueden tener esta actitud: La preparación de las lecciones es mínima; se presta poca atención a los objetivos de aprendizaje; no hay cooperación ni comunicación con los padres de los niños; y los diversos ministerios para niños no coordinan sus esfuerzos. Cuando esto se da en el hogar, la televisión se convierte en la principal herramienta para mantener calmos a los niños. Los padres secretamente están contentos cuando sus hijos juegan video juegos, porque no los molestan. Raramente piensan en su nutrición espiritual.
Cierre los ojos y diga la palabra «gente». ¿Qué ve? ¿Solo adultos? ¿O hay niños en su imagen mental? Cuando los discípulos vieron a los niños pequeños que le llevaban a Jesús, no veían personas. Tal vez veían personas futuras, pero no personas en tiempo real.
La respuesta de Jesús demuestra una perspectiva diferente. Él no le dijo a los discípulos «Dejen que los niños vengan a mí… porque ellos son nuestro futuro», sino que los reprendió: «Dejen que los niños vengan a mí… porque el reino de Dios es de quienes son como ellos» (Marcos 10:14). En otras palabras, no meramente debido a su valor futuro, sino al valor presente, los niños pequeños eran importantes para Jesús. Eran personas en tiempo real que lo necesitaban. Para Jesús, un niño no era por supuesto un hermano, ni meramente una herramienta, ni alguien con valor en el futuro, sino una persona real… ahora. Se detuvo en lo que estaba haciendo y les prestó toda su atención.
Cuando vemos a los niños como los ve Jesús, ministrarlos se convierte en una prioridad.