En una época donde muchos creyentes no concuerdan con la doctrina de la súper-fe, El Dr. Wilkinson presenta la oración desde una perspectiva correcta. El autor escribe desde de una manera muy conversacional y persuasiva utilizando testimonios de cómo los principios que se encuentran en la oración de Jabes han sido efectivos en su vida y en la vida de otras personas. Motiva al lector a poner en practica esta oración cada día y escribir los cambios que ocurren en su vida. El poder, él enfatiza, no se encuentra en la oración misma, si no en la convicción de lo que va a ocurrir como resultado de la oración y los pasos concretos que tomes. Las persona que se comprometen regularmente a pedirle a Dios lo mismo que pidió Jabes en su oración se encontrarán a si mismo bendecidos por Dios y convertidos en agentes de bendición a otros y testigos de su poder sobrenatural. EL Dr. Wilkinson es presidente y fundador del Ministerio Walk trough the Bible (Andar a Través de la Biblia).
El efecto que ha tenido el libro en muchas personas es poderoso. Algunas afirman lo siguiente:
Yo el leído el libro un par de veces. Tuve la oportunidad de predicar sobre la oración de Jabes en Panamá. Compré varias copas para regalarlo y estoy esperando que salga en español para las iglesias en Panamá. Realmente ha cambiado la manera que oro. Rod, Estados Unidos
Recibí una copia de La oración de Jabes como regalo en las navidades e inmediatamente que lo leí, mi vida cambió. Desde entonces, he estado orando la Oración de Jabes y no puedo esperar el ver como Dios esta obrando a través de mi vida y en la vida de mis amistades y familiares. Te recomiendo mucho este libro!! Angela Hut desde Florida, Estados Unidos.
Un buen amigo me regaló este libro. Él me dijo que lo leyera y que no me sorprendiera si Dios bendijera mucho mi vida. He estado orando esta oración desde hace un mes y estoy sorprendido delo que Dios ha hecho a través de mi. Yo quiero motivar a todo el mundo a leer este libro. Debes practicar la oración de Jabes y verás lo que Dios puede hacer. ¡Gloria a Dios por el hermano que me regalo este libro! Holly , Illinois Estados Unidos
A continuación les presentamos una porción del libro “la oración de Jabes”.
Ensanchando tu ministerio
La oración de Jabes es una petición revolucionaria. Así como es sumamente raro oír que alguien ruega: “¡Por favor, Dios, bendíceme!” es también muy extraño que alguien suplique: “¡Oh Dios, te pido que me des más ministerio!”
Casi todos creemos que nuestras vidas ya están más que llenas. Pero cuando, en fe, usted comienza a pedir más ministerio, acontecen cosas muy sorprendentes. A medida que se ensanchan sus oportunidades, también su capacidad y sus recursos aumentan de modo sobrenatural. De manera muy precisa sentirá el placer que Dios experimenta con sus peticiones y la prisa que Él tiene para llevar a cabo grandes cosas por medio de usted.
Las personas aparecerán en su puerta o en la mesa contigua a la suya. Comenzarán a decir cosas que hasta a ellas mismas les sorprenderán. Van a preguntar algo —ni siquiera están seguros de qué— pero confían en tener una respuesta.
A esta clase de encuentros les llamo “Citas Jabes”.
Recuerdo la primera vez que tuve una. Estaba en un sitio lleno de sorpresas, a bordo de un barco anclado en la costa de Turquía. Viajaba solo para conocer y evaluar una compañía de turismo especializada en llevar grupos alrededor del Mediterráneo, para seguir las huellas de la iglesia primitiva. A bordo habíamos tenido días hermosos con mucho tiempo que me permitía trabajar en diversos proyectos, pero me sentía más solitario con el paso de los días. La mañana en que anclamos en Patmos, la isla donde Juan escribió el Apocalipsis, toqué fondo.
En lugar de seguir el paseo bajo la dirección del guía, recorrí las calles del pequeño puerto y me puse a hablar con el Señor: “Señor, sabes que me siento nostálgico y débil”, oré. “Pero quiero ser tu siervo. Incluso ahora, ensancha mis fronteras. Envía a alguien que me necesite”.
Al entrar a una plaza pequeña, ocupé una mesa de un restaurante al aire libre y pedí una taza de café. Pocos minutos más tarde oí la voz de un hombre detrás de mí.
—¿Usted viene en el crucero? —al levantar el rostro vi un hombre joven que caminaba hacia mí.
—Sí —le respondí—. Y usted, ¿de dónde viene?
Contestó que era un estadounidense que vivía en la isla y luego preguntó si podía sentarse a mi mesa. Se llamaba Terry. En el curso de pocos minutos se puso a contarme su historia. Resultó que su matrimonio estaba por terminar. En realidad, ese era el último día, pues su esposa le había dicho que se iba al atardecer.
Ustedes saben lo que pensaba en ese momento, ¿verdad? Muy bien, Señor, creo que esta es mi cita Jabes. Y la acepto.
Le pregunté: —Terry, ¿quiere que su esposa se vaya?
—No —respondió.
—¿Está dispuesto para aceptar un par de ideas? —le dije. Ante la respuesta, supe que era la confirmación del Señor para otra “experiencia Jabes”. Dediqué la hora siguiente a compartirle varios principios bíblicos clave para tener un matrimonio feliz. Terry no había oído ninguno de ellos antes.
Cuando terminé, él estaba tan ansioso de probar estos principios y ver si tenía una oportunidad de salvar su matrimonio que saltó de alegría para irse y ponerlas en práctica inmediatamente.
—Escuche, Terry —dije—. En realidad hoy mismo quiero enterarme de cómo sigue todo entre usted y su esposa. Cualquier cosa que suceda, venga al barco antes que zarpemos para que me cuente. ¿Está bien?
Estuvo de acuerdo, agitó la mano y se fue. Hacia el atardecer, todos habían vuelto a bordo. Anduve por la cubierta mientras esperaba. Aún me sentía solo, como frustrado y empecé a imaginarme cosas que podían haber sucedido en el interior de Terry al finalizar nuestra charla. Cuando el capitán ordenó el toque de sirena definitivo que anunciaba nuestra partida, me fui a la popa del barco donde los marineros se ocupaban en retirar las amarras de la nave. Y allí, en carrera hacia nosotros, a lo largo de la playa, venía una pareja de jóvenes tomados de la mano. Cuando se acercaron lo suficiente para distinguir que me inclinaba sobre la borda, comenzaron a gritar:
—¡Funcionó! ¡Funcionó! ¡Otra vez estamos juntos!
El resto del viaje estuve tan alegre y lleno de gozo por lo que Dios había hecho que me sentía como si flotara desde el barco sin ayuda de ninguna clase. Dios concertó un encuentro entre aquel joven y yo. Y Él nos puso uno frente al otro desde el momento en que supliqué por una vida con mayor disposición para su servicio.
Viva de acuerdo a
las matemáticas de Dios
Sin importar cuáles sean nuestros dones, cultura académica o vocación, nuestro llamado es hacer la obra de Dios sobre la tierra. Si quiere, se le puede llamar vivir nuestra fe para los demás, ministerio o el trabajo diario de todo cristiano. Pero cualquier nombre que se le quiera dar, Dios busca personas que quieran siempre hacer más, porque tristemente, casi todos los cristianos parece que se niegan a vivir en este nivel de bendiciones e influencia.
Para casi todos nosotros, la ambivalencia se origina en la consecución correcta de las cifras, pero con una práctica pésima de la aritmética. Por ejemplo, cuando calculamos qué tamaño de territorio puede tener Dios en mente para nosotros, mantenemos en nuestros corazones una ecuación donde se suman los factores siguientes y se obtiene algo así como esto:
Mis habilidades + experiencia + enseñanzas y
entrenamiento recibidos
+ mi personalidad y apariencia
+ mi pasado + las expectativas de los demás
= al territorio que se me asigna.
No importa cuántos sermones hayamos oído sobre el poder de Dios para obrar por medio de nosotros, simplemente nos disculpamos con el significado de tres palabras sencillas: por medio de. Con certeza decimos que naturalmente, sí queremos que Dios obre por medio de nosotros, pero en realidad lo que queremos decir es por o en asociación con. Pero el recordatorio de Dios para nosotros es el mismo que dio a los judíos cuando regresaron de la cautividad a una patria diezmada: “No por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu, dice el Señor de los ejércitos” (Zacarías 4:6b,).
Nuestro Dios se especializa en obrar por medio de individuos normales que creen en un Dios sobrenatural que hará su obra a través de ellos. Él simplemente espera que se le invite. Eso quiere decir que las matemáticas de Dios producen algo semejante a esta ecuación:
Mi voluntad y mis debilidades
+ la voluntad y el poder sobrenatural de Dios
= mi territorio ensanchado.
Cuando usted comienza a pedir —mendigar— con fervor más influencias y responsabilidades con las que va a honrar a Dios, Él pondrá ocasiones y personas en su camino. Se puede confiar en que Él jamás nos enviará a alguien a quien no podamos ayudar sino por su dirección y su vigor. Casi siempre sentirá miedo cuando inicia la toma de un territorio nuevo para Él, pero también ha de experimentar la tremenda conmoción de Dios que le dirige y lo guía a medida que usted lo hace. Vendrá a ser como Juan y Pedro, a quienes se les dieron las palabras que debían decir en el momento preciso en que las necesitaban.
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